Mis días sin ti son torbellinos sucediéndome
una y otra vez.
En ocasiones me cuesta esbozarte en mi memoria, y
te vuelves un silencio
escabroso, que remuerde mi garganta, mis venas.
Ya no soy tuya, ya no soy.
Mi cuerpo permanece en espera de
tus manos, invocándolas, hambriento.
Vivo fantaseando encuentros contigo, pero si no
suceden, me basta con un roce,
una mirada, un espacio compartido.

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