una mínima, chiquitita.
Es mi ego, que me
hace creer ilusoriamente que lo merezco; que soy la
indicada. Busco
entonces una salida, un agujero negro, una puerta hacia
sus brazos,
señales disfrazadas.
En mi interior le
dedico canciones dulces, nunca lo menciono, me mata la
vergüenza, la risa
de los demás, las caras de incredulidad; me permito ser necia,
ridícula, me
olvido de lo cerebral.
Lo dibujo, con
todos sus ademanes, con todo su aullido, su rareza;
y cantamos juntos,
dentro de nuestra agonía de vivir, algo palpita,
resuena, algo vale
la pena.

No hay comentarios:
Publicar un comentario