Que amarre su lengua con la mía, huérfanas de
movimiento,
con su particularidad, con mi inquietud. Que bailen
juntas,
se reconozcan, se ahoguen en saliva y se salven
mutuamente.
Hoy dormiré tranquila, con sed de ti, pero
tranquila.
Ya no me atraen los insomnios, ya me agoté de
pretender.
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