Me miro al espejo y... no soy alta, pero tampoco baja, digamos que soy delgada, tengo el cabello corto como un niño, pero se ve femenino; si me miras de cerca puedes notar que tengo pecas, la boca chica y los dientes chuecos. Mis orejas son tan pequeñas como las de una niña, y tengo un aspecto frágil, a veces lúgubre. Parezco ser huraña y taciturna, pero soy más bien dulce e inocente, ingenua, a veces infantil, caprichosa, vanidosa, todo me da miedo, me escondo, y trato de ocultar mi baja autoestima y mis inseguridades aparentando que "nada me importa".
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